Es quizá el mejor de los consejos que le puedo dar a los más jóvenes que están comenzando en la profesión de ingeniero de sonido, productor, técnico de directo o músico: cuídense los oídos. Es lo más importante que tienen.
Hay algo que entendí muy temprano, casi al comienzo de mi carrera: el daño auditivo es irreversible. Darme cuenta de eso me causó un terror genuino. La idea de que lo que más amo en la vida —escuchar y trabajar con música— pudiera convertirse en una pesadilla, era algo insoportable. Fue entonces cuando descubrí una palabra que me cambió para siempre: tinnitus. Investigué sobre esa condición y supe que tenía que hacer todo lo posible para evitarla, y para ayudar a que otros también lo hicieran.
De la Preocupación a la Acción
Durante los 10 años que estuve dirigiendo «312 estudio», me encargué de organizar la «Semana del Cuidado Auditivo», donde regalábamos tapones a todas las bandas que venían a ensayar.
Como músico, la protección fue mi compañera inseparable en cada ensayo. Por entonces, mis favoritos eran los famosos tapones de silicona. Tenían grandes ventajas: no son invasivos (no se meten dentro del canal auditivo) sino que crean una barrera externa, y son increíblemente eficaces, llegando a reducir más de 20 decibelios.
Pensemos en una sala de ensayo estándar, un cuatro por cuatro. La distancia con la batería es mínima. La presión sonora a la que nos exponemos es brutal. Tocar sin protección en ese entorno es, sencillamente, una locura.
Mientras escribo estas palabras, me doy cuenta de que llevo puestos mis protectores, los que uso casi a diario para el trayecto de casa al estudio. Me alegra haber incorporado este hábito que nadie me enseñó, ni en la escuela primaria ni en la secundaria. En ningún lado nos dicen que tenemos que cuidar nuestros oídos, y por eso, ante tanta desinformación, es fundamental hablar de ello.
El Peligro ya no está solo en el Escenario
Hoy, el riesgo se ha multiplicado. Los que vivimos en la gran ciudad no podemos escapar de la contaminación sonora: el metro que frena y rechina, los autobuses ruidosos, las sirenas, las construcciones… Nuestros oídos están bajo un ataque constante.
Pero hay un hábito moderno que es especialmente peligroso: la escucha de música con auriculares a un volumen excesivo. Siempre les hago a mis amigos esta simple prueba: si vas por la calle con tus auriculares puestos y pasa un coche o un autobús a tu lado y no lo oyes, te estás haciendo daño. Es así de simple.
Un Llamado a la Conciencia: Es Hora de Actuar
Quizá sea por desconocimiento. Quizá por pensar que «no es para tanto» o que los tapones «arruinan la experiencia». Nada más lejos de la realidad. Hoy existen protectores de alta fidelidad diseñados específicamente para músicos y amantes de la música, que reducen el volumen de forma pareja sin «colorear» el sonido. Simplemente, bajan el volumen general para que puedas disfrutar de la música de forma segura durante más tiempo.
Invertir en unos buenos protectores es tan importante como invertir en una buena guitarra o un micrófono.
¿Por dónde empezar? Consejos Prácticos para Hoy Mismo
- Hazte una audiometría: Ve a un especialista y comprueba cuál es tu punto de partida. Te servirá para monitorear tu salud auditiva a lo largo de los años.
- Invierte en protectores de calidad: Desde los de espuma o silicona (económicos y eficaces) hasta los de alta fidelidad o incluso moldes a medida. Hay opciones para todos los bolsillos.
- Aplica la regla del 60/60 con auriculares: No escuches a más del 60% del volumen máximo durante más de 60 minutos seguidos. Después, dale un descanso a tus oídos.
- Descansa: En ensayos largos, sesiones de mezcla o conciertos, toma pausas de 15 minutos en un lugar silencioso cada cierto tiempo. Tus oídos te lo agradecerán.
- Conviértete en un embajador: Habla de esto con tus colegas, con tu banda, con tus amigos. Normalicemos el cuidado auditivo. Cuidarnos es de profesionales.
No esperes a que el pitido empiece. No esperes a que sea tarde. El mejor momento para empezar a cuidarte es ahora. Para que la música, nuestra gran pasión, siga siendo una fuente de alegría durante toda tu vida, y no el eco de lo que un día fue.
